Siempre parecía saber lo que hacía. Nada de productos complicados, ni aparatos carísimos… solo unos ingredientes sencillos y mucho sentido común. En cuanto al cuidado de la piel, mi abuela recurría a soluciones naturales, efectivas y asequibles. Y para esos molestos vellos faciales, tenía un método casero que subestimé durante mucho tiempo… hasta que lo probé.
Por qué el vello facial suele ser un problema.
Vellos visibles, pequeñas manchas que reflejan la luz, maquillaje que se acumula… El vello facial puede convertirse rápidamente en una fuente de vergüenza. El problema es que las soluciones convencionales a veces son caras, mal toleradas por pieles sensibles o simplemente demasiado agresivas para esta zona tan delicada. El resultado: enrojecimiento, molestias y piel debilitada. De ahí el atractivo de recurrir a alternativas más suaves.
Un truco transmitido de generación en generación.
La receta de mi abuela consta de tres ingredientes que casi todos tenemos en casa: aceite de coco, harina integral y un poco de agua. Nada misterioso ni químico. Simplemente una mezcla sencilla, diseñada para ser suave con la piel y reducir visiblemente el vello fino con el tiempo.
La función de cada ingrediente.
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