Esta mañana empezó como cualquier otra. Fui al baño a lavarme la cara, medio despierto y pensando en el desayuno. Pero en cuanto levanté la tapa del inodoro, no pude respirar. Algo oscuro reposaba en el fondo de la taza.
Al principio, pensé que quizá se había caído algo: un cepillo, una tapa de botella, quién sabe. Pero entonces… se movió.
Me quedé paralizado. Durante unos segundos, me quedé mirando, intentando comprender lo que veía. El movimiento era lento, casi grácil, como algo que saliera suavemente del agua. Y entonces lo comprendí: lo que estaba viendo no era un objeto en absoluto.