Existen varias razones por las que una persona puede empezar a sentir más flema de lo normal. En muchos casos, se trata de una respuesta de defensa del cuerpo ante estímulos cotidianos como los siguientes:
– Cambios de temperatura o clima, especialmente ambientes fríos o muy secos
– Alergias estacionales, que estimulan la producción de moco
– Resfriados o infecciones respiratorias leves, incluso después de haberse recuperado
– Exposición al polvo, humo o contaminación
– Reflujo ácido ocasional, que puede irritar la garganta
– Deshidratación, que espesa las secreciones naturales